El Último Vuelo ¿Rendirse o seguir adelante?

En la penumbra de la madrugada, un piloto solitario se enfrenta a una decisión que cambiará su destino. ¿Rendirse o seguir adelante?



El rugido del motor llenaba la cabina, vibrando en los huesos del piloto. El reloj marcaba las tres de la madrugada, y el cielo estaba despejado, salpicado de estrellas como diamantes en un manto negro. Pero el piloto no estaba allí para admirar la belleza celestial.

Había sido un largo viaje, semanas de vuelo ininterrumpido, sorteando tormentas y turbulencias. Su avión, un viejo Cessna, había sido su fiel compañero en innumerables misiones. Pero esta vez era diferente. Esta vez, no había carga preciosa ni pasajeros ansiosos. Solo él y la oscuridad.


La radio crujía con voces distantes, llamadas de controladores de tráfico aéreo que no sabían que estaban hablando con un hombre al borde del abismo. El combustible se agotaba, y las luces de la ciudad parpadeaban en la distancia. ¿Rendirse o seguir adelante?


La frase resonaba en su mente: “Prohibido rendirse, respira profundo y sigue adelante”. Era su mantra, su última esperanza. Pero ¿qué significaba realmente? ¿Seguir adelante hacia qué? ¿Hacia la muerte o hacia la redención?


El piloto miró el panel de instrumentos. Las agujas se movían con lentitud, como si también dudaran. El destino estaba en sus manos. Si seguía adelante, se estrellaría en algún lugar desconocido, solo y olvidado. Si se rendía, al menos tendría una muerte rápida y sin dolor.


Pero algo dentro de él se negaba a aceptar la derrota. Recordó las palabras de su padre, un antiguo aviador de guerra:

 “Nunca te rindas, hijo. La vida es un vuelo incierto, pero siempre hay una pista de aterrizaje esperándote”.


Con un último suspiro, el piloto ajustó el rumbo. No sabía si encontraría esa pista de aterrizaje invisible, pero no podía rendirse. Respiró profundo y siguió adelante, hacia lo desconocido.


Y así, en la oscuridad de la madrugada, el viejo Cessna se elevó una vez más, desafiando al destino. Porque a veces, rendirse no es una opción. A veces, el último vuelo es el más importante de todos.

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