Letanía de la Alegría

Este relato se inicia, uno de estos días de abril en los que el cielo permanecía todo el día perpetuamente gris, y mi ánimo reflejaba ese mismo tono sombrío. Me sentía atrapado en una neblina de pensamientos negativos, una tristeza que se adhería a mí como la humedad de la mañana. Las horas se deslizaban una tras otra, indistinguibles, teñidas de una melancolía que no podía sacudirme de encima.

Fue entonces cuando decidí tomar un lápiz y el papel, buscando en las palabras un faro de esperanza. Comencé a escribir una letanía, una serie de afirmaciones que esperaba pudieran actuar como un conjuro contra la oscuridad que me envolvía. “En el jardín de los días grises,” escribí, “donde las nubes se ciernen pesadas, invoco a la risa, al sol escondido…”

Cada palabra era un paso hacia adelante, cada verso una batalla ganada contra la tristeza. Me llevó varias horas completarla, horas en las que mi única misión era encontrar la combinación perfecta de palabras que pudiera cambiar mi perspectiva. Y con cada repetición de la letanía, sentía cómo el peso se aligeraba, cómo el cielo comenzaba a despejarse en mi mente.

Con la letanía acabada y después de tres repeticiones, algo había cambiado. No fue un cambio dramático, no hubo un momento de revelación con coros celestiales. Pero había una ligereza en mi paso, una chispa de alegría en mis ojos que había estado ausente durante demasiado tiempo. La letanía había funcionado, no por magia, sino por el poder del enfoque positivo y la repetición consciente.


Quiero compartir esta letanía porque sé lo que es sentirse perdido en la oscuridad. Si mis palabras pueden ser la luz para alguien más, si pueden ofrecer un momento de alivio o una sonrisa, entonces todo habrá valido la pena. La Letanía de la Alegría es mi regalo, mi mensaje en una botella lanzado al vasto océano de la experiencia humana, con la esperanza de que encuentre a aquellos que lo necesitan y les brinde la misma paz que me brindó a mí. 


# Letanía de la Alegría

En el jardín de los días grises,
donde las nubes se ciernen pesadas,
invoco a la risa, al sol escondido,
para que disipe la tristeza y las miradas apagadas.

Oh, melodía del corazón, entona tu canción,
como un arco iris tras la lluvia, como un abrazo cálido,
que mis lágrimas sean rocío en las flores,
y mi risa, un río que fluye sin fin. 
Que mis pensamientos sean mariposas danzantes,
mis palabras, chispas de fuego en la noche,
y mi alma, un faro que guía hacia la esperanza,
donde los sueños se despiertan y se elevan en vuelo.

En los rincones oscuros, en los momentos grises,
buscaré la luz, el destello de lo bello y lo sencillo,
y en cada sonrisa compartida, hallaré un tesoro,
que ilumine mi camino y me haga sentir vivo. 
Así sea.


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